Nada como saciar los apetitos de
cultura y alimento a la vez.
La gastronomía también es cultura. Y en
Mérida abundan los ejemplos que confirman esta afirmación. En el Centro
Histórico y el norte de la ciudad surgieron pequeños restaurantes, cafeterías y
heladerías que enriquecen las tradiciones meridanas con propuestas traídas de
fuera o creadas localmente por chefs, jóvenes empresarios y extranjeros
radicados aquí.
A ello se suma que aumentan los
establecimientos de comida que adem ofrecen espacios para otras manifestaciones
artísticas, en particular la pintura, la fotografía y otras artes visuales más.
Hay al menos un café-restaurante con un activo cine-club, y otro más que ofrece
conciertos de músicos locales, del interior del país y del extranjero.
Si bien es cierto que crece la ofertas en
esos rubros, también lo es que este concepto no es nuevo en la ciudad. Hace
mucho que el Centro Cultural Dante combinó los servicios de librería,
restaurante y teatro en su edificio de prolongación del Paseo de Montejo. Y en
el Centro Histórico el restaurante Amaro tiene un pequeño teatro donde
eventualmente se ofrecen funciones.
Ahora traemos tres ejemplos que hablan de cómo crece en Mérida esa
expresión cultural ligada a la gastronomía. Uno de ellos es el restaurantito
Bistró Cultural, propiedad de una yucateca casada con el chef francés Yohann Chauvineau, quien diseña el menú diario
de ese lugar ubicado en las orillas del barrio de Santiago y que ya tiene
alrededor de un año de creado.
El establecimiento ocupa una vieja casa
ubicada en el cruce de las calles 66 y 43,
a una cuadra del teatro Casa Tanicho. Su éxito se basa en su singular
menú, su café orgánico y los precios accesibles. Ofrece desayunos y almuerzos,
y a últimas fechas extendió su horario a domingos. Este lugar no vende cerveza,
pero el cliente puede llevar sus bebidas y pagar una cuota para que se la
sirvan ahí.
Las mesas del lugar están distribuidas en el
patio del lugar (El Jardín de Frida, con pinturas en sus muros) y lo que fueron
la sala y habitaciones de la vivienda, en las cuales se exhiben cuadros de
distintos pintores, entre ellos Aurora Caro Eng. Parte de las mesas están
hechas de viejos ladrillos de pasta que en el siglo pasado eran comunes en los
hogares meridanos. El mesero es Vincent, un joven de padre alemán y madre
francesa, radicado en Yucatán desde hace cinco años.
La cocina del lugar puede verse desde la
calle y al ingresar al lugar. En la
acera del predio y en la entrada hay pizarrones pintados con gises de colores
donde se anuncian los guisos del día, las bebidas naturales, los postres y las
variedades de café.
Como ejemplo de su menú y precios está el
magret de pato con ensalada, confite de cebolla y papas a la plancha ($145),
lasagna vegetariana ($65), filete de mero con arroz y ensalada de verduras
($80) y jugo natural ($15).
Otro ejemplo de la cultura ligada a la gastronomía es la heladería Pola Gelato
Shop, ubicado a una cuadra del parque de Santa Lucía y administrado por dos
polacas asociadas con mexicanos. Una de ellas es Amelia Opalinska. La presencia de esas extranjeras atrajo la atención de periódicos, revistas y noticieros de televisión cuyos reporteros han acudido a entrevistarlas y hablar de esa sorbetería.
El establecimiento es un pequeño lugar pintado de blanco
y azul. Tiene un mostrador, una nevera, un refrigerador, una plancha para hacer las barquillas y pizarras con la lista de
productos así como bancas y una barra para sentarse a disfrutar el congelado producto.
Hay un helado que se sirve con pan de brioche, y otro más que se ofrece con
café expreso. Los precios van de $25 a $40.
Ese negocio surgió en la calle, sus
impulsores vendían helados en un carrito que instalaban en el Paseo de Montejo.
Debido al éxito de sus productos abrieron la heladería, ubicada en la calle 55
entre 62 y 64.
Las personas que cada acuden a los bailes y otros eventos del
programa Mérida en Domingo que se realizan en el parque de Santa Lucía figuran
entre los que se acercan a ese establecimiento que abre de martes a domingo.
El tercer ejemplo que citamos es Café Oriol,
un restaurante ubicado a media cuadra del parque de Santiago, frente al
sindicato de músicos, en la calle 59 entre 68 y 70. Es una vieja casona con
aire colonial, con fachada pintada de rojo y cuyas paredes interiores están convertidas en galería
de pinturas de varios artistas locales.
Vegetarianos y veganos son parte de sus
clientes. También acuden otros meridanos y extranjeros avecindados en ese
barrio. En ese lugar se han realzado pequeños conciertos de jazz y trova,
conferencias sobre cultura maya y otras actividades culturales más.
Por $55 se puede desayunar en ese sitio, el
cual no abre los domingos. Su horario es de lunes a sábado de 8 de la mañana a
6 de la tarde. El interior del lugar es llamativo por la combinación hecha con la arquitectura del lugar, los muebles, los objetos decorativos y las obras artisticas que ahí se exhiben.
Hay quienes gustan de ese ambiente para compartir del café y una charla, o bien para comenzar el día probando un platillo diferente o hacer la comida fuerte del día con el menú de este establecimiento.
Café Oriol es de esos lugares que esperan el juicio de quienes
saben del arte de comer o que gustan comer rodeados de un ambiente de cultura y
arte (Mérida Cultura).
(Parte de las fotografías que ilustran esta nota son de Bristró Cultural, Pola Gelato Shop y Café Oriol)
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